A pesar de todo lo que se ha progresado,

quedan billones de miserables,

una infelicidad de billones que no son conscientes ya de todo lo que se ha avanzado, sino de todo lo que les falta por adelantar:

les muerde lo que falta, «envidia» dice Ramiro,

hallan en el resto, porque la Historia no se puede sentir, apreciar:

la gente no vive del pasado, no vive mirando al pasado, y este no consuela,

no calma la fiera que constantemente mira a su alrededor y se compara,

y de esa comparacion casi siempre sale perdiendo:

nunca te compares

puedes resultar envanecido

o, la mayoria de las veces, amargado.

Es en este reino de amarguras que vienen los que saben explotar ese desespero con discursos interminables de redención y «justicia», pero antes hay que entregarles todas las riendas del poder local, para que tengan los modos de armar coaliciones con sus iguales y aspirar a una dominación internacional que siempre choca con el mismo enemigo obstinado y eterno:

los que producen y crean,

las descomunales fuerzas que mueven la economia capitalista desarrollada.

abatidos terminan sus ciclos vitales de 70, 80, 90 o 100 anos,

escribiendo toneladas de mentiras sobre las cuales se pueda levantar su próximo igual,

el anunciado nuevo mesías

de los envidiosos y miserables

del mundo que a ultranza llegará