Chile es uno de los países con mayores índices de desarrollo humano, índice de progreso, índice de movilidad social, mayor número de millonarios y más bajos índices de pobreza de Latinoamérica, superando incluso a algunos países de Europa en algunos de esos índices. Como es de esperar, es una realidad matemática inminente y obvia que también tenga el índice de Gini (desigualdad) más alto de Latinoamérica y si se construyen más ricos que además están entre los más ricos de Latinoamérica, el índice de Gini solo termina midiendo el techo de riqueza a la que se puede llegar siendo Chileno el cual es bastante alto, por lo que en este caso, el índice de Gini podría indicar también probabilidad de mayor éxito económico entre emprendedores.

Chile además es un país en el cual se puede salir de la pobreza de manera fácil si lo comparamos con el resto de Latinoamérica (Indice de movilidad social) de lo cual vemos ejemplos vivos en todas partes, yo de hecho lo soy, mis cuatro abuelos eran analfabetos y campesinos en tiempos en que la pobreza era la norma, yo en cambio tuve acceso a educación de postgrado de alta calidad (6 años de pregrado y 5 de postgrado y especialización), salí de la pobreza con muy buenos empleos y actualmente vivo, además de mi trabajo, del emprendimiento y la inversión siendo Chileno y aprovechando las oportunidades que me dió este país.

No se crean la narrativa de izquierda del periodismo, aquella que se niega a hablar sobre como disminuye la pobreza y prefiera apelar a la envidia del interlocutor, centrando la discusión en la desigualdad. Como dije antes, hablar de desigualdad en un país donde la pobreza disminuye constantemente solo refleja las oportunidades de que quienes emprendan puedan enriquecerse, no nos dejemos llevar por la envidia, la envidia es un sentimiento que vende entre las masas, la envidia y el resentimiento materialista, vestidos de “Justicia social” han sido autodestructivos para aquellos países que han decidido prestarle oído, tenemos ejemplos tangibles en nuestra Latinoamérica, Cuba, Venezuela y ahora Argentina, donde la narrativa termina describiendo el mundo en blanco y negro donde el mal se concentra en la imagen de quien se atreve a emprender y generar riqueza.

Latinoamérica siempre ha sido un caldo de cultivo y presa fácil para el socialismo predicador de la envidia, muy bien lo describe Vargas Llosa (hijo) en su libro “El manual del perfecto idiota Latinoamericano”, es por eso que estamos como subcontinente estancados en el victimismo, echándole la culpa a los que tienen más éxito que nosotros de nuestros fracasos para quitarnos la culpa.

Hoy en día la prédica de la envidia también tiene éxito en Estados Unidos y sobre todo en la alicaída Europa, yo me pregunto ¿Donde está el final del abismo si seguimos rehuyendo hablar sobre la pobreza y prestando oídos a la narrativa de la envidia que nos propone la izquierda?

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…y Argentina? El amigo CAM nos cuenta esta semana acá:

Por qué Argentina involuciona