El fascismo se caracterizó por lo siguiente: anti-liberalismo, anti-individualismo (colectivismo), anti-economía de libre mercado, nacionalismo extremo, refundacionalismo (creativo ex nihilo, crear un nuevo mundo, un nuevo ser humano y una nueva cultura)

Mussolini fundó los Fascios Italianos de Combate el 22 de abril de 1919, embrión del que luego habría de ser el Partido Nacional Fascista, a partir de 1922. Más tarde gobernó el reino de Italia como presidente desde 1922 hasta 1943, y ya como presidente de un gobierno fascista total (Duce) la República Social Italiana, estado totalitario, colectivista y antiliberal establecido en el norte de Italia desde el último de los años dichos hasta 1945. Aquí, en la República Social Italiana, al no tener freno democrático alguno, desarrolló su teoría lo más que pudo, si bien hay que resaltar que toda teoría antiliberal pura está destinada al fracaso. Igualmente que lo hizo el comunismo y el nacionalsocialismo, tuvo que tolerar algunas empresas privadas siempre que estuvieran controladas por el estado, para que el sistema no se viniera abajo. Es el caso paradigmático de la China de hoy, comunista pero manteniendo la empresa privada y (todavía muchos más que Mussolini) con millonarios en su seno: Los 10 multimillonarios más ricos de China.

El fascismo era un movimiento revolucionario obrero y popular. ¿A que esto suena muy socialista, e incluso comunista? Pues no es que lo diga yo:

Camaradas: el programa sigue siendo este: combatir. Para nosotros los fascistas, la vida es un combate continuo e incesante, que aceptamos con una gran desenvoltura, con un gran valor. Con la intrepidez necesaria. (Mussolini, en un discurso el 28/3/1926, aniversario de la fundación de los fascios).

Nosotros ponemos la valorización de la guerra revolucionaria por encima de todo y de todos. (Mussolini en San Sepolcro, 1919).

La democracia ha quitado estilo a la vida del pueblo. El Fascismo se lo devuelve al darle una línea de conducta, esto es, color, fuerza, pintoresquismo, sorpresa y mística, todo aquello en fin, que cuenta en el alma de la multitud (Mussolini: discurso el 4/10/1922, en Milán).

Antes, durante los años del régimen demoliberal, las masas obreras que miraban al Estado con desconfianza, estaban fuera del Estado, estaban contra él y lo consideraban como un enemigo de todos los días y de todas las horas, hoy no hay un italiano que trabaje que no busque su puesto en las corporaciones, en las federaciones, que no quiera ser una molécula viviente de ese grande e inmenso organismo viviente que es el Estado Nacional Corporativo Fascista. Los sedimentos de la vieja y menguada Italia demoliberal, deben ser despiadadamente arrancados de las almas y destruidos para siempre. Por el contrario, las cualidades y virtudes inmutables del verdadero fascista deben ser: franqueza, lealtad, desinterés, probidad, coraje y tenacidad. (Mussolini: 28/10/1926, desde el balcón del Palacio Chigi).

No en vano, el padre de Mussolini había sido un muy conocido activista socialista con simpatías por el anarquismo, y el propio Mussolini se había basado en el socialismo para desarrollar el fascismo, tras haber sido expulsado del Partido Socialista Italiano acusado de recibir fondos para el periódico propagandístico del partido por parte de los aliados para que hiciera propaganda de éstos durante la I Guerra Mundial (1914). Esto fue lo que le llevó más tarde a fundar el Partido Nacional Fascista, fundándose en las ideas socialistas.

El sociocomunismo, en su estado primitivo, buscaba la «revolución obrera», para lo cual señalaba a un enemigo que había que batir: el capital. Pero el problema es que actualmente, los líderes del sociocomunismo tienden a haberse enriquecido, por lo cual ya no conviene demonizar al capital, pues dirigirse contra él sería para esos líderes como tirar piedras sobre su propio tejado.

Pero sin enemigos, la «revolución» y la «lucha» no tienen sentido; el sociocomunismo como ideología se queda vacío sin ellas. ¿Cómo va a haber Che Guevaras, Castros, Lenins o Maos si falta el objetivo contra el que se tiene que dirigir la lucha? El sociocomunismo no puede vivir sin crear este tipo de «héroes». No puede vivir sin «revoluciones» ni «luchas». Como consecuencia, se alimenta del odio.

Por tanto, tiene necesidad de cubrir de algún modo la ausencia de ese enemigo contra el que tan encarnizadamente se dirigían en el pasado, como era «el capital». Ante este vacío, la solución que ha inventado de unos años a esta parte es ni más ni menos que ir inventándose enemigos por modas. Y para ello señalan al primero que pasa por allí discrepando (o que a ellos les parece que pueda hacerlo) de esta manera de pensar, y lo designan como objetivo a batir. Ese enemigo puede ser la Iglesia o el rey, lo mismo que cualquier católico o monárquico que pase. Y cuando no pasa nadie al que consideren apropiado, se lo inventan, incluso poniéndole un nombre si anteriormente era un concepto inexistente (nombre que pasa directamente a su neolengua, imponiendo el uso del concepto a los demás): el que no usa «lenguaje inclusivo», el machirulo, el heteropatriarcado, el micromachista, el homófobo, el tránsfobo, el islamófobo… Si uno se fija, aunque se quemen iglesias no se habla de «católicofobia»; aunque mueran más niños asesinados por sus madres que por sus padres, nadie le ha puesto un nombre específicamente a este tipo de violencia; y términos como hispanofobia están muy lejos de su vocabulario e incluso los critican, a pesar de que sea evidente que haya incluso políticos que odian lo español.

Así que la más destacada característica del fascismo como ideología política, es que es abiertamente antiliberalista y colectivista. Es decir: que el fascismo declara que es exactamente todo lo contrario a la derecha. El fascismo es, pues, en definitiva, una forma de socialismo.

Mussolini luchaba contra el liberalismo, y también contra el comunismo del mismo modo que en nuestra propia Guerra Civil tenemos el ejemplo de que las diferentes facciones de la extrema izquierda son las peores enemigas entre sí, dando lugar a lamentables sucesos como los de la guerra civil dentro de la Guerra Civil. Simplemente, las diferentes facciones de la izquierda se ven como competidoras y tratan de eliminarse porque para ellos lo importante es el cumplimiento del programa ideológico; todo lo demás deja de interesar frente a éste.

Este ideal antiliberalista y colectivista del fascismo no se le escapa a los estudiosos de este movimiento político, como lo es el economista Thomas DiLorenzo, quien, en su libro The Problem with Socialism, explica:

fascismo siempre ha sido un tipo de socialismo. Benito Mussolini fue un socialista internacional antes de ser un socialista nacional, siendo esto último la esencia del fascismo. Al socialismo nacionalista que este defendía no le importaba dejar sobrevivir a empresas privadas, siempre y cuando éstas fueran controladas por políticas y subsidios gubernamentales.

Por eso, el propio Mussolini define así su ideología: El fascismo es el socialismo que ha descubierto la pasión patriótica.

Algunos cargan a Mussolini con la ridícula acusación de no haber llevado su colectivismo y antiliberalismo al máximo (cosa que es mentira si consideramos lo que llegó a hacer en la República Social Italiana), pero es que hasta él mismo se dio cuenta de que las políticas totalmente colectivistas y antiliberalistas, en su estado puro están destinadas al fracaso, algo de lo que son muy conscientes los líderes de estos sistemas excepto los de aquéllos que han fracasado (de los que el soviético es el paradigma).Por ejemplo: el triunfo económico de la «comunista» actual República Popular China, es precisamente el feroz capitalismo que ha desarrollado durante el presente siglo.

He aquí una antología de frases de Mussolini que demuestran este carácter colectivista y antiliberalista de la ideología fascista que fundó:

El fascismo rechaza frontalmente las doctrinas del liberalismo, tanto en el campo político como económico. El «laissez faire» está caducado. Si el siglo XIX fue un siglo de individualismo, se espera que este, el siglo XX, será el siglo del socialismo y así el siglo delEstado… (Benito Mussolini, en La Doctrina del Fascismo).

Socialismo significa la elevación y purificación de la conciencia individual, y su implantación será el resultado de una larga serie de esfuerzos. Todos, en realidad, desde el profesional al obrero, pueden poner una piedra en este edificio, realizando un acto socialista todos los días y preparando así el derrocamiento de la sociedad existente. (Benito Mussolini, en Opera Omnia II, p. 5.)

No estamos hablando de alzar un nuevo estandarte político, sino más bien de librar la vieja bandera socialista de aquellos que se han envuelto falsamente en sus pliegues. (Benito Mussolini, en Opera Omnia III, p. 349).

El fascismo no es un partido, es un régimen. No es solamente un régimen, sino una Fe. No es solamente una Fe, sino una religión que está conquistando las masas trabajadoras del pueblo italiano. (Mussolini: discurso 18/8/1926, en Pésaro).

Hoy día no se concibe un individuo fuera del Estado, sino el individuo salvaje, que no puede reivindicar más que la soledad y las arenas del desierto. (Mussolini: discurso 12/5/1928, en Roma).

El sentido del Estado se agranda en la conciencia de los italianos que sienten que sólo el Estado es la garantía insustituible de su unidad y de su independencia: que solamente el Estado representa la unidad en el porvenir de su estirpe y de su historia. (Mussolini: discurso 25/10/1929, en Roma).

Para el fascismo el mundo no es este mundo material, tal como aparece en la superfecie, y donde el hombre es un individuo separado de todos los demás y dejado a sus propios medios… El fascismo afirma el Estado como la auténtica realidad del individuo. (Mussolini: 29/10/1934, discurso en Roma).

Negamos vuestro internacionalismo, porque el internacionalismo es una mercancía de lujo sólo asequible a los ricos, mientras el pueblo está desesperadamente unido a la tierra natal. (Discurso en la victoria del trigo, 1934).

El pueblo es el cuerpo del Estado, y el Estado es el espíritu del pueblo. En la doctrina fascista, el pueblo es el Estado y el Estado es el pueblo. Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado. (Frases tomadas de sendos discursos de 1934 y de 1927).

Un pueblo tiene que ser pobre para poder ser orgulloso (Frase de Mussolini citada por Ciano en sus «Diarios 1937-1943»).

Esta lucha gigantesca no es más que una fase del desarrollo lógico de nuestra Revolución. Es la lucha de los pueblos pobres y numerosos contra los hambreadores que retienen ferozmente el monopolio de todas las riquezas y todo el oro de la Tierra. Es la lucha de los pueblos fecundos y jóvenes contra los pueblos esterilizados y encaminados al ocaso. Es la lucha entre dos siglos y dos ideas. (Mussolini: discurso de la declaración de guerra, 1940).

Es absolutamente inútil que los italianos de débil memoria adopten la actitud del que cae de las nubes y se ve arrastrado por la más auténtica de las sorpresas con respecto a la fundamental disposición de la socialización; el fascismo ahora no reniega de los orígenes de hace veinte años, sino que se remite a sus más genuinas esencias, eliminados los obstáculos externos y las internas resistencias que se interponían a la realización de sus altísismos fines sociales. (Mussolini en 1944, con motivo del decreto de socialización del capital en la República Social Italiana).

Nosotros somos la clase trabajadora en lucha por la vida y la muerte, contra el capitalismo. Somos los revolucionarios en busca de un nuevo orden. Si esto es así, invocar ayuda de la burguesía agitando el peligro rojo es un absurdo. El espantapájaros auténtico, el verdadero peligro, la amenaza contra la que se lucha sin parar, viene de la derecha. No nos interesa en nada tener a la burguesía capitalista como aliada contra la amenaza del peligro rojo, incluso en el mejor de los casos ésta sería una aliada infiel, que está tratando de hacer que nosotros sirvamos a sus fines, como lo ha hecho más de una vez con cierto éxito. (Mussolini en Milán, 22 de abril de 1945).

¿Por qué, pues, la extrema izquierda asocia «fascismo» con «extrema derecha»?Lo que ocurre es que Italia bajo el fascismo fue aliada del Eje durante la Segunda Guerra Mundial, pero a nadie le gusta ser asociado con un régimen tan tiránico como el de Hitler, y a la extrema izquierda tampoco. Este deseo prevalece visceralmente para la izquierda sobre cualquier razonamiento: la asociación del fascismo (Mussolini) con el nacionalsocialismo (Hitler), que es algo que no puede soportar. La izquierda puede escoger entre asociarse con los que la perdieron o los que la ganaron, y por eso prefiere identificarse con los que ganaron la II Guerra Mundial, que eran los «buenos». Entre escoger a Hitler o Stalin prefiere decantarse por este segundo, que era un dictador peor aún, pero al menos estaba con los vencedores.

A la izquierda no le importa ser asociada con un dictador terrible como Stalin, con tal de sacar partido y ventaja de la victoria en la II Guerra Mundial, con la predicamenta que esto le reportó entre los países de occidente. Hitler fue un perdedor, pero olvidado queda que Stalin y él hicieron juntos, en amor y compañía, casi dos años de la II Guerra Mundial, en virtud del pacto Ribbentrop – Molotov y otros actos de comandita, agrediendo e invadiendo Polonia y los países nórdicos hasta que uno de los dos no se fió y decidió poner coto a la alianza antes de que lo hiciera el otro. Cosa que suele ser corriente entre aliados que buscan el mismo fin con exactamente los mismos intereses: que acaban peleándose por ellos como buitres por carroña. Hitler fue el que menos aguantó, no se fió y atacó primero a Stalin, por eso quedó al final de malo e hizo olvidar todos los asaltos que el soviético había perpetrado igualmente. Igualmente podría haber sido al revés, que a Stalin no le faltaban arrestos; hubiera sido cuestión de tiempo.

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