Envidio a Juan Rulfo por haber escrito en ciento setenta páginas una novela como Pedro Páramo. Envidio a mis amigos pintores, pues cuando estoy ante una obra de Fabelo, Montoto, Garaicoa, o muchos otros, pienso que no soy capaz de ver el mundo desde la perspectiva de ellos ni tengo su capacidad para reproducirlo. Envidio ferozmente a los que bailan bien la música cubana, ya que soy incapaz de mover con ritmo los pies. Envidio a los que juegan bien a la pelota, hubiera dado cualquier cosa por haber tenido el traje de los Industriales aunque fuera por una temporada y desde el banco.

Son envidias que se pueden confundir con la admiración, tanto que creo que es más admiración que envidia. Ver en otro lo que uno no es capaz de ser, es algo que no se revierte en contra del otro, al contrario, significa que reconozco sus capacidades, talentos y posibilidades.

A veces veo pasar por el barrio a alguien que conozco poco y mal, y luce tan tranquilo y sin demasiadas preocupaciones en la cabeza —más que conseguir el arroz y el pan y el azúcar y el pescado y la leche y todas esas mil cosas que son comunes para todos nosotros—, que me da envidia porque tengo esas mismas preocupaciones y otras más.

Han hablado de mis privilegios en Cuba, sin embargo, todo lo que tengo lo he conseguido con mi trabajo. Mi casa la construimos mi esposa Lucía y yo desde el primer ladrillo hasta el último; el carro lo compré con un premio literario, es el mismo de hace veintiséis años y en estos momentos se le está reparando el motor para poder seguir teniendo un automóvil, ya que en Cuba no es posible comprarse uno con los precios que tienen, porque no creo correcto pagar ochenta mil dólares por un carro viejo.

Cuba - Padura (8)

Padura y su esposa, Lucía Lopez Coll. (Foto: Juan Manuel Foglia)

Hace poco se publicó una entrevista suya que tenía por título la frase Â«Temo pero me atrevo». ¿A qué teme? 

He temido a muchas cosas. Cuando uno vive en un país en el que la sociedad está completamente controlada por el Estado, pues ese Estado todopoderoso con mucha facilidad puede marginarte, condenarte. Eso siempre provoca temor.

Cuando escribí La novela de mi vida estaba consciente de que en ella decía determinadas cosas sobre la realidad cubana que no se habían dicho nunca. Terminé y le dije a Lucía: «Con esta novela hay tres opciones: una es que la guarde en una gaveta o la meta en un disquete, otra es que cambie algunas cosas, y la tercera, que es mi opción, es apretar Enter y que salga ahora mismo para Barcelona y que los editores empiecen a trabajar». Ella me respondió que la decisión era completamente mía, pero yo temía por la repercusión que pudiera tener la novela. Sin embargo, le di a Enter, se publicó en España y en Cuba, donde ganó incluso el Premio de la Crítica.

El miedo es un sentimiento humano y tenerlo no es indigno de quien lo sufre. Lo indigno es provocarlo a otros.  

¿Cuánto han influido sus temores en lo que ha escrito y, sobre todo, en lo que no ha escrito?

He escrito sobre la realidad cubana todo lo que he necesitado decir. Cuando estoy escribiendo una novela, a veces tengo el gran miedo de no conseguir decir lo que busco del mejor modo. Ese es un miedo estético que siempre me acompaña.

Soy un escritor —y no creas que es burla— muy inseguro, y por eso escribo y hago versiones y más versiones. Lucía me lee una y otra vez, también algunos amigos me dan opiniones para tener la certeza de que voy llegando adonde quiero. Por suerte he tenido editores espectaculares como son los de Tusquets, que se leen los libros y hacen recomendaciones importantísimas, ninguna de las cuales tiene que ver con juicios políticos, sino con cuestiones literarias.

Como te dije, en mis libros he tratado todos los aspectos de nuestra realidad que he creído necesarios, no los he evadido por polémicos o candentes que sean.

Ya que habla de la realidad cubana, recientemente terminó el traspaso de poderes. Hay en Cuba, al menos oficialmente, una nueva dirigencia. No son pocos los que afirman que por la situación del país, el proceso puede estar viviendo si no sus últimos años, sí algunos de los más difíciles. ¿Qué pensaría si, como sucedió en la URSS, lo que conocemos por Revolución se desmantela? 

Hacer cualquier predicción de futuro es uno de los ejercicios más locos a los que uno se pueda someter. En 1989 fui por primera vez a México y le pedí a un amigo que me llevara a la casa de Trotsky, en Coyoacán. Conocía muy poco de él porque aquí no había bibliografía disponible, pero quería ver el sitio donde lo habían asesinado. Ese lugar me provocó una conmoción y creo que allí empezó a escribirse El hombre que amaba a los perros. Veinte días después cayó el muro de Berlín. Mientras estaba en la casa de Coyoacán a casi nadie en el mundo se le habría ocurrido vaticinar que veinte días después iba a caer el muro.

Cuba - Padura (9)

Una de sus novelas más famosas es «El hombre que amaba a los perros». (Foto: Héctor Garrido)

Con esto quiero decirte que los acontecimientos que puedan ocurrir en una sociedad son generalmente impredecibles, aun cuando haya niveles de control y tradiciones muy establecidas. Lo que pasó en el Capitolio de los Estados Unidos el 6 de enero de este año fue algo que si te lo cuentan tú respondes: ¿Cómo va a pasar eso en Estados Unidos, aunque tenga un presidente loco? Y sin embargo, pasó.

Puede suceder de todo. La voluntad del Estado es la continuidad, pero pueden ocurrir muchas cosas. Sin embargo, creo que entre esas posibilidades la que sí necesariamente se tiene que producir es una revisión profunda de la estructura económica cubana, porque ha demostrado gran ineficiencia a lo largo de demasiado tiempo. Si se trata de resolver los mismos problemas con las mismas formas, pues los resultados serán también los mismos. Entonces, tiene que haber un cambio importante.

Pero no es solo eso lo que hay que priorizar. Hemos hablado también de la necesidad del diálogo para poder lograr acuerdos y clarificar cuestiones. Llegar a la verdad es un proceso difícil, largo y generalmente de éxito improbable, pero si se construye entre mucha gente diferente, el resultado siempre será mejor.

Usted está en España ahora y a mí me gustaría saber cuál de sus desvelos insulares le gustaría encontrar resuelto cuando regrese.

En estos momentos tengo una gran preocupación con la pandemia en Cuba y el aumento de los casos y las muertes, aunque no llegamos a los niveles alarmantes de otros países. De todos modos, está enfermando y muriendo gente. Tampoco se sabe cuáles serán las consecuencias a largo plazo de haber padecido la Covid-19. Entonces pienso que lo primero sería tratar de resolver la crisis epidemiológica para que podamos volver a sentirnos seguros.

Todo lo demás lo hemos pasamos muchas veces. Por supuesto, desearía que no hubiera cola para comprar el pollo, por decir solo una cosa.

Mi sueño, que ojalá se cumpla alguna vez, es poder caminar hasta la esquina de mi casa y en la shopping, que está como a sesenta metros, poder llegar y comprar yogurt. Soy adicto a eso, lo necesito para desayunar en las mañanas. Entonces, mi sueño es que algún día se pueda comprar en Cuba yogurt sin sufrimiento. Durante estos meses de pandemia lo he buscado en Guanajay, en Bauta, he hecho colas de cuatro horas. Así que espero poder comprarlo alguna vez en la esquina, tranquilamente. ¿Pido demasiado o demasiado poco?

«Sobre Cuba digo lo que necesito decir»