Según Roger Griffin el fascismo se define mejor como una forma revolucionaria de nacionalismo, una que pretende ser una revolución política, social y ética, fusionando al «pueblo» en una dinámica comunidad nacional bajo el mando de las nuevas élites infusas en valores heroicos. El mito central que inspira ese proyecto es el de que tan solo un único movimiento populista e interclasista de purificación, un renacimiento nacional catártico (palingénesis), puede detener la ola de decadencia.[12]

…pero, cuidado:

La mayoría de académicos coincide en que un «régimen fascista» es, por encima de todo, una forma de gobierno autoritaria, nacionalista, pero no todos los regímenes autoritarios y nacionalistas son fascistas. El autoritarismo es, en el fascismo, tan solo una de sus características, como lo es el nacionalismo, de manera que esos estudiosos sostienen que el engendro adquiere identidad fascista cuando al autoritarismo nacionalista también incorpora:

  • Creación y control de un sector económico integrado en el estado, multiclase y altamente regulado, ya sea llamada corporativista nacional, nacionalsocialista o nacional sindicalista
  • Evaluación positiva y uso de, o disposición a usar, violencia y guerra.
  • El uso de símbolos, gráficos y otros artefactos creados por gobiernos fascistas, autoritarios y totalitarios se considera un aspecto clave de su propaganda.[1] Muchos movimientos fascistas han adoptado símbolos de la antigua Roma o Grecia, como los estandartes que usaban los alemanes en sus mítines, los fasces de los italianos o el empleo de la palabra «falange» para denominar al partido fascista español, son algunos ejemplos en las dos primeras décadas de su existencia.
  • Antiliberalismo
  • Anticonservadurismo (aunque en el entendido de que los grupos fascistas estaban dispuestos a emprender alianzas temporales con otros sectores, más comúnmente con la derecha, o la ‘izquierda’ invasiva poderosa y cualquier otro poder de importancia, como el famoso pacto de no agresión Hitler-Stalin, buscando acomodar sus influencias, competencia expansionista)

En su inicio, hace un siglo, el fascismo va a rechazar vehementemente la lucha de clases que debilita la nación y la sustituye por el concepto de desaparición de las clases sociales, unidad ideológica y cultural del pueblo, la homogeneidad en el campo sociopolítico, rechazando el parlamentarismo y la idea de democracia occidental, y promueve la intervención del Estado en la economía para mejorar el nivel de desarrollo. Por último, a través de la continua movilización y politización de la población, procura nacionalizar las masas. Todos estos principios son animados por un manifiesto estatismo, que Mussolini sintetizó en la frase “La nostra formula è questa: tutto nello Stato, niente al di fuori dello Stato, nulla contro lo Stato” (Nuestra fórmula es esta: todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado). Sin duda alguna, la ética y la estética políticas fascistas conducían, sin ambages, a un gobierno centralizado y autoritario, capitaneado por un líder carismático y populista en el que tanto los derechos civiles como políticos quedaban subsumidos a la voluntad del Jefe y del Estado.

Cualquier parecido con lo ocurrido en Cuba por 63 años no es coincidencia, si no la conveniencia de una realidad perseguida por esta política que te dice ‘haz con tus manos y tu mente, eres libre, te asisten todos los derechos que no afecten mi derecho a hacer acá lo que me da la gana’:

“¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas, revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, ningún derecho”

La revolución que gira alrededor de un par de gónadas.

http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1961/esp/f300661e.html

Cuyos crespos colgando de la cápsula que los envuelve, aún hoy comandan el archipiélago que da nombre a esta nación:

‘Lo que pasó ayer no fue un reclamo legítimo, lo que pasó ayer es una operación política y comunicacional que descalifica y deslegitima a sus actores, a sus protagonistas” (Lo ilegítimo es negarle a una muchacha sin antecedentes penales de ningún tipo, que no ha tirado un gollejo contra institución o autoridad de la Isla, el derecho de regresar a la tierra que la vio nacer, donde reside su familia. Los protagonistas y actores de semejante insulto a la nación son Yaira Jiménez Roig y los que amparan esa ignominia que los descalifica y desligitima, que dice muy poco de una sociedad que le teme a una periodista que utiliza no más que ideas para combatirlos. Cuba tiene derecho a defenderse, sí, de todos ustedes).
Pienso en la edad de Karla y recuerdo al Era de mis estudios universitarios, esos que le fueron negados a ella. Evoco a Pablito en aquella canción, “Mis 22 años”, que marcó un antes y un después en nuestra cancionística, no solo como puente melódico entre el filin y la nueva trova, sino por lo que proclama: “…como ser humano me contradigo y me opongo al pasado que pasó”. Desde mis 58 me opongo a la arbitrariedad que se ceba en una joven cubana y habla muy feo del presente que pasa’

https://segundacita.blogspot.com/2021/03/seamos-mejores.html?showComment=1616292111048&m=1#c5093407803340504011

Nada contra el par de gónadas, es legítimo. NADA. Mucho menos la ‘aprobada’ y maniatada Constitución, otra vitrina más para ilusos.

Nada.