‘hay algunos edificios con una arquitectura estalinista. Básicamente cuatro paredes y un aspecto algo triste. Pero la gente dentro de esos edificios está llena de vida y sonríen constantemente. Nadie me odió por venir del otro lado de la cortina de acero.

De hecho, el primer día me senté en una mesa del McDonald’s (otro ejemplo de como no odia a occidente) y un hombre ruso se me acercó y me habló en su incompresible idioma un par de minutos.

Quizás me dijo la ubicación de un tesoro secreto enterrado, o que llevaba la bragueta abierta, no lo sé, y por eso sonreí y asentí educadamente. Pese a no hablar su idioma, me hizo sentir muy bienvenido.

Así que, la próxima vez que menciones la palabra Rusia y alguien empiece a decir que “hace mucho frío, la gente es antipática y lo único que hacen es beber vodka”, puedes decirle que me venga a ver para que aprendan de mi experiencia.

A pesar de la propaganda contra Rusia que tanto se da hoy en día, he decir que lo único más bonito que el propio país son las mujeres que viven en él

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