«El modus operandi de todos los dictadores es esencialmente el mismo: además de tomarse el parlamento o el congreso, si es que existe uno, ellos toman control de seis instituciones claves: 1) las fuerzas de seguridad, 2) la prensa, 3) la administración pública, 4) el poder judicial, 5) la comisión electoral y 6) el banco central, llenándolas con sus partidarios y pervirtiéndolas para que sirvan a los intereses del dictador. Para que una revolución popular triunfe debe luchar para arrebatar el control de una o más de estas instituciones de las garras del dictador.

Todo terminó para Ben Ali y Hosni Mubarak cuando el ejército se rehusó a disparar al pueblo. Lo mismo pasó en Filipinas en 1986 y en Georgia en noviembre del 2003, donde las fuerzas de seguridad fueron cautivadas con rosas (de ahí el nombre “La Revolución de las Rosas”). La Revolución Naranja en Ucrania en el 2004 se ganó el apoyo de la Corte Suprema, y la Revolución Negra de Paquistán de marzo de 2007 tuvo todo el apoyo del poder judicial. Pero déjeme darle otras tres estrategias adicionales que sirven para derrocar a un dictador: Primero, quítele la prensa de las manos: cree radios piratas, use los medios sociales. Esto es lo que desatará las reformas que tanto añoramos; no las sutiles reformas, los sermones o las sanciones de la Comunidad Internacional.

Segundo, golpéelo con su propia constitución. Por ejemplo, el Articulo 35 de la Constitución de China garantiza la libertad de expresión, de la prensa, de reunión y de asociación. En Ghana usamos la Constitución y las Cortes para liberar las ondas de radio, llevando así a la proliferación de estaciones de radio FM, que fueron particularmente útiles para el derrocamiento del régimen en el 2000″