• Sumando a la población completamente vacunada la que ha resultado infectada en el transcurso de la pandemia (3.255.324) tenemos al 12,2% de los habitantes. Dado que el estudio ENE-COVID en la última ronda publicada, la cuarta, cifró en un 9,9% la población con anticuerpos IgG, y que esto corresponde a un momento anterior a la tercera ola, puede considerarse que las personas con anticuerpos superarán en la actualidad esta cifra ampliamente. Con todo, el número de personas susceptibles en España es todavía muy elevado: muchas personas pueden aún ser afectadas por el virus.
  • Las variantes del virus. La diseminación de la variante B.1.1.7, la británica, es amplia (más del 50% en la mayoría de las comunidades autónomas y en algunas representa más de 70% del total de casos) y ha aumentado con rapidez en las últimas semanas. Esta variante se relaciona con un aumento de transmisibilidad y podría dar lugar a un incremento de la letalidad.
  • El incremento de movilidad debido a las fiestas. Comienza la semana santa y, pese a los cierres perimetrales de las comunidades autónomas, la movilidad puede incrementarse. Y también puede hacerlo desde países con peor situación que España.
  • La presiones económicas y la fatiga pandémica. Las medidas necesarias para contener al virus generan, en ocasiones, rechazo y su cumplimiento puede verse comprometido, máxime cuando, en algunos casos, las autoridades las aceptan a regañadientes. La afectación económica que las medidas tienen en muchos sectores de la economía ocasiona presiones sobre los decisores del ámbito político, que tratan de aliviar este impacto. A veces, siendo renuentes o más permisivos en su adopción o en la vigilancia de su cumplimiento. E incurriendo en ocasiones en contradicciones e incoherencias que desconciertan a la población.
  • La saturación del sistema de salud. Pese a la mejora, todos los niveles del sistema (primaria, hospitales, salud pública) siguen presionados y tensionados. Y agotados tras un año sin parar.