Ramiro Millan12 November 2017 at 9:31 amPERMALINK

El día que Chile y ojalá así sea (espero realmente con ansiedad llegue ese momento) llegue al desarrollo, aisladas columnas de periodistas, casi nulas expresiones de intelectuales y nulas referencias de políticos como hoy sucede, serán reemplazadas por cientos de notas mediáticas referidas al éxito chileno y las diferencias respecto a aquellos que se mantienen en el ostracismo y atraso.
Entonces, el camino de la imitación se habrá iluminado y señalizado con la claridad de las autobhans alemanas.
Habrá “Montaners” en cuanto periódico o programas de TV veamos y políticos a granel animados a mostrar a Chile como ejemplo a seguir.
Si bien es la excepción y no la regla el fenómeno social de cambio cultural por imitación de una cultura vecina exitosa, soy un convencido que en nuestro caso latinoamericano, con Chile llevando la “antorcha”, será una regla imparable.
Sin embargo, humildemente, me permito un consejo a los hermanos chilenos para consolidar su proceso. Creo que deben las clases dominantes aceptar distribuir más ingresos cediendo capitales via impuestos para que, como mínimo, el Estado pueda ofrecer dos cuestiones claves si quieren evitar volver al círculo vicioso típico latinoamericano de alternar años de dirigismo, estatismo y voluntarismo destructivos, con años obligados de políticas liberales que funcionan durante el tiempo que se ven como una necesidad imperativa para después volver al “viejo amor” socialista dirigista ni bien el susto pasa y así hasta “el infinito y más allá”, inmersos en el típico y destructivo círculo vicioso latinoamericano. Esas cuestiones claves son: igualdad de acceso a la educación y la salud (no es necesario que el sistema sea totalmente estatal sino bien articulado mediante subsidios para que tanto la salud y la educación estatal y privada ofrezcan un servicio de calidad similar)
Es cierto que la “resistencia” de las clases altas a ceder presiones impositivas en Latinoamérica se “justifica” toda vez que es conocido el hecho de que las clases políticas se terminan quedando con esos recursos mediante el robo liso y llano, sumado a la eterna ineficiencia de cuánto proyecto se propongan despilfarrando recursos por doquier.
Sin embargo, cuando los recursos son bien utilizados como claramente lo demuestra la institución policial de Chile, lo mismo que sucede en los países desarrollados dada la capacidad cívica de sus ciudadanos para comprometerse en las tareas que competen a todos por lo que los dineros finalmente se utilizan para lo que realmente han sido asignados.
Son estas sociedades las que pueden ofrecer garantías y confiabilidad en el largo plazo.
Confiabilidad suficiente como para asegurar al emprendedor e inversor ganancias acordes al riesgo y a su eficiencia como en cualquier país desarrollado es posible observar a pesar de las altas cargas impositivas.
El pueblo chileno creo que ya ha demostrado al capital su capacidad para garantizar eficiencia en el uso de esos recursos por lo que la “resistencia” probablemente sea un obstáculo para lograr una estabilidad política mantenible en el tiempo.
Y por último, alguna vez se revelará con la valentía que para ello es necesario, que la supuesta dependencia y opresión del malvado imperio sobre los “pobres e indefensos pueblos latinoamericanos” no es otra cosa que una real incapacidad de los pueblos subdesarrollados para auto organizarse con una mínima eficiencia como para sostener una economía viable y un orden social indeclinable.
Ante este hecho, esa dependencia no es otra cosa que la necesidad de recurrir a algo o alguien externo que posea la capacidad de auto gestión y tomar la Posta, y este “alguien” son las corporaciones multinacionales apoyadas y surgidas desde una sociedad con capacidad para crearlas y sostenerlas.
Son estos elementos los que mediante presiones de diferentes formas (FMI, Banco Mundial, cancillerías, etc) de una manera u otra “orientan obligadamente” a proceder a armar políticas económicas viables (obviamente políticas que garanticen rentabilidad, generalmente exageradas pero acordes al riesgo que conllevan, mínima seguridad jurídica, libertad de repatriación de capitales, etc) convirtiéndose finalmente en el verdadero poder gobernante.
Los países verdaderamente libres son aquellos que pueden garantizar una buena estructuración de los sistemas sin que nadie tenga que decirles y menos presionarlos para que se haga lo que es evidente hay que hacer.
La famosa teoría imperialista no es otra cosa que la tragedia de la incapacidad propia.
La teoría imperialista no es otra cosa que la necesidad imperiosa de “importar” dirigentes y sistemas con la capacidad de gestionar eficientemente el Estado.
Dirigentes ofrecidos “generosamente” por las corporaciones y organismos internacionales (estoy releyendo algunos libros para un post dónde puedo demostrar con claridad estos dichos).
Vale aclarar que la importación de dirigentes y sistemas conductores de la organización estatal hoy la están buscando y encontrando en Cuba y no de los estadounidenses o europeos como hasta ahora ha sucedido.
Pero Cuba es capaz de ofrecer la “pata política” para mantener una autogestión, pero no la económica.
Este combo maldito probablemente se complemente con la presencia de otra dictadura (una democracia no puede entrar en esta desgraciada experiencia) para cumplir con la pata económica y obviamente el candidato irremplazable a ocupar ese lugar es China.
Junto a Venezuela y Bolivia parece dispuesto a seguir este camino Colombia y lo seguirán si tienen éxito los países de centroamérica.
De continuar este triste derrotero y ante el aislacionismo trumpista ahora y de Obama antes, EEUU encontrará golpeando su puerta trasera nada más y nada menos que a China.
¡¡Cuidado!!
Por suerte en el Sur tenemos a Chile que parece estar en condiciones de lograr el camino “real” del desarrollo auto sustentable.
Falta poco pero lo que falta probablemente sea un paso enorme a dar.
Soy un convencido que hoy “la pelota” la tiene el poder económico. Si juega solamente en su campo y no da ningún pase al campo popular para que también juegue (campo que ya dió suficientes muestras de que es capaz de jugar profesionalmente) Chile entrará nuevamente, tarde o temprano, en el eterno círculo vicioso latinoamericano (casi lo dió con la gestión Bachelet).
Espero estar equivocado y no sea realmente necesario dar ese paso para un equilibrio político sostenible en el tiempo porque va a costar darlo