«El putinismo, en cambio, tiene poco que ofrecer a cubanos, vietnamitas o intelectuales franceses. El nacionalismo autoritario podría estar extendiéndose por el mundo, pero por su propia naturaleza no contribuye al establecimiento de bloques internacionales cohesionados. Mientras que el comunismo polaco y el ruso estaban comprometidos, al menos en teoría, con los intereses universales de una clase obrera internacional, el nacionalismo polaco y el ruso están comprometidos, por definición, con intereses opuestos. Al generar el auge de Putin un incremento notable del nacionalismo polaco, esto solo hará que Polonia sea más antirrusa que antes.

De ahí que aunque Rusia se haya embarcado en una campaña global de desinformación y subversión que pretende dividir la OTAN y la Unión Europea, no parece probable que esté decidida a embarcarse en una campaña global de conquista física. Cabe esperar, con cierta justificación, que la anexión de Crimea y las incursiones rusas en Georgia y Ucrania oriental sigan siendo ejemplos aislados más que heraldos de una nueva era de guerra.»